Una sociedad que aspira al bienestar no puede consentir ningún tipo de  violencia contra las mujeres y muy especialmente la de género. Desde el año 2003, fecha en la que empezamos a computar las víctimas, lamentamos el asesinato de 648 mujeres a manos de sus parejas y el maltrato de todas aquellas a las que no matan  pero que tampoco dejan vivir.
El sufrimiento es superior al que indican las estadísticas porque muchas no denuncian a sus agresores lo que dificulta protegerlas adecuadamente.   Es prioritario ayudarlas a confiar en el sistema. De hecho, tres de cada cuatro mujeres que declararon haber sufrido violencia salieron de ella.  Su historia debe proporcionar esperanzas a quienes no se han atrevido a denunciar todavía, es una historia de éxito y superación que muestra el camino para salir de este círculo de sufrimiento..

Desde el 2003 hasta ahora hemos avanzado mucho. A través de Leyes  y de Planes Integrales hemos dado pasos en la buena dirección creando un sistema para la sensibilización, prevención y asistencia en materia de violencia de género. Gracias a la lucha de todos la violencia contra las mujeres a dejado de ser tabú y hemos empezado a visualizarla y por tanto, a condenarla y a trabajar para erradicarla.

Sin embargo, las desigualdades entre hombres y mujeres y la discriminación por razón de sexo persisten. Los datos referentes a la violencia sobre las mujeres, y, en concreto, a los malos tratos, reflejan la pervivencia de esta injusticia y esta lacra en la sociedad española del siglo XXI. El Gobierno está articulando una serie de actuaciones que giran en torno al principio fundamental de la Igualdad como base para evitar la violencia de género. Los principales ejes de actuación consisten en promover la ruptura del silencio cómplice del maltrato, proporcionar una asistencia personalizada a las mujeres que sufren violencia y a los menores a su cargo, mejorar en la coordinación de todos los recursos públicos y privados, profundizar en el conocimiento de las dimensiones de la violencia contra las mujeres y en su difusión entre los profesionales para que puedan elaborar su actuación de forma más eficaz y atender específicamente las necesidades de los grupos especialmente vulnerables,

En este sentido,  la reforma del Código Penal supone un avance en cuanto a violencia de género extendiendo la medida de libertad vigilada,  tipificando delitos nuevos como el de manipulación del funcionamiento de los dispositivos de control para vigilar a los agresores, el de hostigamiento o acecho o el “ciber acoso”, castigando en este último caso la conducta de quien difunda, revele o ceda imágenes de una mujer sin su autorización cuando menoscabe gravemente su intimidad. Se da repuesta así a la demanda de protección ante el aumento del acoso a mujeres y a menores en la red.

Un  día como hoy quiero recordar otras formas de violencia contra las mujeres como  la trata con fines de explotación sexual, los matrimonios forzados y la mutilación genital. Nuestra sociedad debe condenar toda violencia  que en sus múltiples manifestaciones se ejerce contra la mujer por el mero hecho de serlo

y supone una violación contra los Derechos Humanos y la mayor muestra de discriminación. Trabajemos pues coordinando esfuerzos porque la sociedad en su conjunto nos lo demanda, aunando fuerzas y mandando un mensaje claro a todas las mujeres: Hay salida a la violencia de género.

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